¿Quiénes Somos?

Conócenos

La Asociación San Vicente de Paul, es una organización Mundial de Laicos, Católicos, Seglares.

Fundada en Paris, Francia en 1833, por un grupo de jóvenes laicos universitarios encabezados por Federico Ozanam, quien inspirado en el Pensamiento y obras de San Vicente de Paul y en su espíritu de Justicia y Caridad, funda la Asociación para ayudar a los necesitados; donde hombres y mujeres son voluntarios dedicados a ofrecer una ayuda personal al necesitado

Fundamentalmente se financia por medio de donativos

La Socieda de San Vicente de Paul llega a la República Mexicana en 1844, traido por el Dr Manuel Andrade, un estudiante de Posgrado de Medicina en la Universidad de la Sorbona en Francia.

El Dr. Manuel Andrade llegó a París para realizar estudios de Medicina en el otoño de 1833. Tuvo oportunidad de ver el desarrollo de la primera Conferencia de la Sociedad de San Vicente de Paúl.

De regreso a México, la inmediata preocupación del Dr. Andrade fue la fundación de las Conferencias de San Vicente de Paul en México

Teniendo como sede el Convento de San Francisco, el 15 de Diciembre de 1844 nace la primera Conferencia con los nombramientos provisionales: Presidente: Mosn. Madrid; -Vicepresidente: el Dr. Manuel Andrade ; -Secretario: D. Pedro Rojas ;- Tesorero: D. Manuel Canseco.

El 19 de Septiembre de 1845 se realizaba la Agregación en París, firmada por Federico Ozanam.

Misión

Ayudar a las familias en sus necesidades básicas, para que tengan una vida digna y motivarlos para la superación personal logrando así un mejor Municipio, un mejor Estado, y un mejor País.

Nuestra misión, inspirada por la llama Radiante del Amor de Cristo, consiste en desarrollar nuestra espiritualidad buscando y encontrando a personas y a familias que son olvidadas, que sufren o que están desfavorecidas y que, a través del contacto personal, podamos ofrecerles y ofrecer a cualquiera que se encuentra en situación de necesidad, la ayuda adecuada.

Compartimos sus penas y sus alegrías al igual que verdaderos amigos, sembrando semillas de amor, fomentando su autonomía y respetando sus valores y sus creencias. Como un reflejo de toda la familia de Dios, nosotros, hombres y mujeres que procedemos de cualquier origen étnico, cultural y económico, de cualquier edad, trabajamos juntos en Conferencias locales con el fin de servir a Cristo en los pobres para crecer espiritualmente y para apoyarnos mutuamente.

Los miembros de las Conferencias están estrechamente vinculados a una gran familia mundial, nutrida por la oración y por la reflexión, fiel a la Regla y a los Estatutos que reflejan las tradiciones de nuestro principal fundador, el Beato Federico Ozanam, y nuestro patrón san Vicente de Paúl.

También buscamos identificar las causas de la pobreza y trabajamos junto con la Familia Vicentina y con la Iglesia católica, de la misma manera que con otroscristianos y con cualquier persona de buena fe para formar una sociedad más justa y compasiva que defiende los derechos, las responsabilidades y el desarrollo de todos los pueblos, una cultura de vida y una civilización del amor que reflejan el Reino de Dios » Juntémonos para rezar en la solidaridad vicentina y para buscar la iluminación del Espíritu Santo con el fin de que Él nos guíe en nuestra misión, vocación y en nuestro apostolado.

Visión

Buscamos erradicar la miseria, descubriendo y remediando las situaciones que son su causa.

Como organización católica laica, encerramos el mundo en una red de caridad, sirviendo a Cristo a través de aquellos que sufren, que están desprovistos o marginados y les brindamos amor y respeto, asistencia y desarrollo, alegría y esperanza, en una sociedad más justa.

También buscamos profundizar nuestra espiritualidad así como el amor y el apoyo mutuo con respecto a nuestros consocios de tal manera que, al ver el modo en el que servimos a los más desfavorecidos en un solo espíritu y corazón, la gente se sienta atraída por la Sociedad y por Cristo que le manda su luz.

Esencia Vicentina

ADesde su creación, la Sociedad se situó bajo el patrocinio de San Vicente de Paúl, un gran santo muy conocido por sus obras de caridad. Los miembros de la Sociedad de San Vicente de Paúl perpetúan el Espíritu Vicentino.

Su vocación se basa en dos principios fundamentales:

  • 1) la permanencia de la oración (profundización de la Fe)
  • 2) El encuentro con Cristo a través de los pobres.

Estos principios les llevan a servir a los desfavorecidos con un profundo respeto, independientemente de sus orígenes o de sus creencias, en el marco de una relación permanente.

Históricamente, el corazón de la acción de la SSVP es la visita a domicilio: en los principios de la Sociedad, el Beato Federico Ozanam (principal co-fundador) y sus compañeros iban hacia los pobres, visitándoles en sus casas, en los barrios pobres de París.

Todavía hoy, los voluntarios van al encuentro de las personas necesitadas, allí donde vivan: en su domicilio, en la calle, en las residencias, en el hospital, en la cárcel.

La acción de la Sociedad se sitúa siempre en la caridad de cercanía. Los voluntarios actúan cerca de donde viven y responden a una necesidad local.

Los campos de acción de la Sociedad por todo el mundo son, por tanto, extremadamente variados: salud, agricultura, educación, vivienda, inserción profesional, ayuda a las personas mayores, minusválidas, aisladas o excluidas.

Gracias a los fondos que se nutren de los donativos, ella actúa también en el ámbito de la ayuda de urgencia y de la rehabilitación para las víctimas de catástrofes naturales o humanitarias, y financia proyectos de desarrollo.

¿Qué es una Conferencia?

La « Conferencia de San Vicente de Paúl » es la unidad de base de la Sociedad. Está constituida por un grupo de aproximadamente diez a quince miembros.

Las conferencias se gestionan de manera autónoma, en coordinación con un Consejo que comprende varias Conferencias a nivel local, regional o nacional según una estructura propia de cada país. Los voluntarios se reúnen regularmente, una o dos veces al mes, para rezar, organizar y discutir sobre su trabajo con los pobres de su comunidad local. Cada Conferencia está generalmente vinculada a una parroquia católica.

Biografías

INFANCIA

San Vicente de Paúl nace el 24 de abril de 1581 en Pouy Francia, fue el tercer hijo de un matrimonio católico. La familia vivía de la agricultura y el cuidado de ganado, lo que significaba mucho trabajo para apenas tener una vida de estrechez. En las veladas se leía la Biblia, la vida de los santos y se oraba en familia, y aún cuando no eran ricos los padres de San Vicente, practicaban la caridad y eso lo veía de niño, de modo que él mismo la veía de modo natural desde temprana edad.

JUVENTUD

A los 16 años, el Obispo le da la Tonsura (cortarle un poco de cabello) por lo que entra a las filas del clero y puede llevar sotana. Sigue estudiando 5 años, recibiendo las órdenes menores de Subdiaconato y Diaconato y el 23 de septiembre de 1600 a los 19 años es ordenado sacerdote. Celebró su primera misa en Buzet.

APOSTOL DE LA CARIDAD

Era un hombre hábil y sabía relacionarse, después de varios años difíciles, hacia finales de 1608, se instaló en París. La reina Margarita, que bajo su influencia llegó a ser muy piadosa y caritativa, entrega a San Vicente fuertes sumas para que a su nombre hiciera la caridad a los pobres. San Vicente siempre siguió estudiando y formándose y en sus ratos libres asistía a la Sorbona y se graduó de Licenciado en Derecho Canónico. Es muy significativo su pensamiento sobre el estudio y formación y el sentido que tiene. El decía “ES PRECISO APROVECHARSE DE TODAS LAS OCASIONES QUE SE PRESENTEN PARA INTRUIRSE Y HACERSE ASÍ MÁS APTO PARA SERVIR A DIOS Y A LOS POBRES”.

FUNDACIÓN DE LAS SEÑORAS DE LA CARIDAD

Posteriormente se trasladó a Chatillon-les-dombes, en Bresse. Se encontró con un pueblo moralmente abandonado, una iglesia abandonada, en medio de una población la mayoría pobre y en la que todas las familias pudientes eran protestantes. Ante la magnitud de la tarea, con la ayuda de un vicario y mediante un trabajo encarnizado, repartiendo su tiempo ENTRE LA ORACIÓN Y LA ACCIÓN, cambió la situación: los feligreses le ayudaron y logró organizar una vida de caridad, tanto desde el punto de vista material como del moral y espiritual. La primera COFRADIA DE LA CARIDAD había nacido, sus miembros se llamaron “LAS SERVIDORAS DE LOS POBRES”. Poco a poco las “Cofradías de la Caridad” se organizaron y se desarrollaron al lado suyo. Posteriormente regresó a París (1618-1619), donde fue nombrado “Capellán de las Galeras”, San Vicente, inmediatamente se trasladó a las cárceles cuyo espectáculo lo horrorizó. Inmediatamente, emprendió el mejoramiento de la suerte de los presidiarios. Procuró se les transfiriesen a un local habitable y organizó visitas. Un domingo por la mañana cuando se disponía a celebrar la Santa Misa, le avisaron que en una casa toda la familia estaba enferma, sin tener quién los atendiera, San Vicente en la homilía recomendó a esta familia a los feligreses, en un sermón conmovedor. Por la tarde, cuando él mismo se dirigía a esa casa, encontró en el camino una verdadera procesión de gentes que iban y venían llevando ayuda. Como hombre práctico que era San Vicente organiza la caridad Y FUNDA LO QUE HOY SON LAS VOLUNTARIAS VICENTINAS a quienes les dice LAS SEÑORAS DE LA CARIDAD.

FUNDACIÓN DE LA CONGREGACIÓN DE LA MISIÓN

El 17 de abril de 1625 los señores Gondi, por contrato ante notario, ofrecen a la SOCIEDAD NACIENTE 45000 libras. El Arzobispo de París, por su parte ofrece los antiguos edificios de un colegio. A cambio la CONGREGACIÓN DE LA MISIÓN que se funda, se comprometía a ocuparse gratuitamente en el apostolado en los campos y en la asistencia espiritual a los campesinos. Se ponen a trabajar los sacerdotes de la Congregación de la Misión, recorren Picardía, Champaña, Borgoña y gracias a su bondad y sencillez, se ganaban los corazones en todas partes y reconciliaban las almas con Dios. Su estilo de predicar con homilías cortas y precisas con un mensaje para los tiempos que se vivían pronto se impuso en Francia.

FUNDACIÓN DE LA COMPAÑÍA DE LAS HIJAS DE LA CARIDAD

San Vicente se daba cuenta de que a pesar de su abnegación, las damas tenía que compartir el tiempo que debían a sus esposos y sus hijos, con los enfermos y pobres, por lo que organiza a las sirvientas de los pobres HOY HERMANAS DE LA CARIDAD, haciéndolas religiosas de nuevo genero, que pudiesen circular por las calles y confía a Santa Luisa de Marillac la dirección de ésta orden, siendo la primera en incorporarse Santa Margarita Nassau, quien sabiendo todo el bien que hacía San Vicente le vino a ofrecer sus servicios. En 1633 Margarita Nassau y sus compañeras se reunieron con Santa Luisa de Marillac en su casa y nació la CONGREGACIÓN DE LAS HIJAS DE LA CARIDAD, llamadas también HERMANAS DE SAN VICENTE DE PAÚL. Entre sus obras más importantes –que por otra parte sirvieron de modelo a varias instituciones públicas-, se puede citar el servicio de los niños perdidos y el socorro a las Provincias devastadas por la guerra. En lo que concierne a los niños abandonados, creó LA ACOGIDA, EL ORFANATO, LA ENSEÑANZA, EL APRENDIZAJE Y LA COLOCACIÓN. SAN VICENTE DE PAÚL, estuvo siempre en la brecha. No sólo atendió la buena marcha de sus obras, sino que garantizó la continuidad. Murió el 27 de septiembre de 1660, en Saint-Lazare, en París, extenuado por una labor sobrehumana. Fue beatificado el 13 de agosto de 1729 y canonizado el 16 de junio de 1737. EN 1833, FEDERICO OZANAM Y SUS COMPAÑEROS PUSIERON A SU SOCIEDAD NACIENTE BAJO SU PATROCINIO Y PROTECCIÓN A SAN VICENTE DE PAÚL. El Papa Leon XIII, lo proclamó patrón de todas las obras de caridad, el 12 de mayo de 1885. El día de su santo, antes celebrado el 19 de julio, fue fijado el 27 DE SEPTIEMBRE, por el nuevo calendario romano, vigente desde el 1º. De enero de 1970. Su cuerpo está expuesto en un relicario abajo del altar mayor de la Capilla de los Lazaristas, 95 rue de Sevres, en el VI distrito de París.

Nace en la ciudad de Milán el 23 de abril de 1813. (En esos tiempos Milán pertenecía al imperio Galo).

Fue un niño amoroso con sus padres, obediente y poco amigo de las diversiones callejeras, aprendió de su padre el gusto por la lectura y por hacer la caridad ya que su ocupación era médico por lo que tenía que estudiar continuamente y lo veía visitar a los enfermos en los que se incluía a los pobres. De su madre recibió el ejemplo de la vida religiosa, la acompañaba a la iglesia y vivió en familia lo que era orar juntos al iniciar y terminar el día y al tomar los alimentos.

De 1820 a 1831 estudia en Lyon Francia, a donde su familia se trasladó de Milán y comienza a escribir a los 16 años, maneja el Latín, el Griego, su lengua francesa y comienza con el Italiano, Alemán, Hebreo y Sánscrito.

En 1831 inicia sus estudios en la Sorbona en París: Derecho y Letras. Federico Ozanam, que era un estudiante brillante rebate a sus maestros y se convierte en las discusiones en un defensor de la religión.

Promueve ante el Obispo de París que la iglesia de Notre Dame se abra al público en general y que se envíen expositores brillantes, que expliquen y desarrollen la doctrina social del evangelio, presentándola en armonía con las aptitudes y facultades y necesidades del individuo y la vida moderna. (El Obispo acepta y envía a Padre Lacordaire a dar esas pláticas que fueron un éxito).

Federico Ozanam defendía el cristianismo y expresaba:

  • “El cristianismo se preocupa principalmente de la salvación de las almas, también trabaja con ardor en el bien y el mejoramiento integral del hombre.”
  • “Dios no ha hecho a los pobres. El da a todos los hombres la posibilidad de elevarse en la escala social”.
  • “Dios ha mandado a las criaturas humanas a enfrentar los peligros de éste mundo con dos armas, la inteligencia y la voluntad”.

Señala que tres son la ruinas de los municipios: el juego, el vino y la explotación de las mujeres

Ante estos argumentos uno de los asistentes (que es agnóstico) le dice: “Todo lo que acabamos de oír sobre el cristianismo es verdad, desde el punto de vista histórico. Pero ahora ¿dónde están las obras que nos demuestren que aún viven?, ¿qué es lo que hacen por el género humano en estos días?, ¿qué hacen los católicos, hoy y ahora para demostrar al mundo la vitalidad y eficacia de su fe?. Prueben que el cristianismo vive con obras sociales y no con elocuentes discursos del pasado.”

Estas preguntas hacen que Federico Ozanam busque un modelo que encuentra en San Vicente de Paúl.

El 23 de abril de 1833 (20 años de edad) junto con otros 7 compañeros se reúnen en Petit Bourben Saint Suplice No. 18, para fundar LA PRIMERA CONFERENCIA DE LA SOCIEDAD DE SAN VICENTE DE PAÚL, (patrón universal de la caridad) para respaldar con obras su fe y respondiendo al reto que le hizo el agnóstico.

Comienza a escribir para prepararse en las discusiones de las conferencias de Historia, a la que asistían los jóvenes estudiantes y donde se ponían en común las ideas, participa en las juntas de las conferencias de la Sociedad de San Vicente de Paúl y sostiene correspondencia con los miembros de la Sociedad que iba creciendo.

Federico Ozanam decía: “Creemos en dos tipos de asistencia: una la que humilla a los asistidos y otra, la que honra…La asistencia honra cuando une al pan que alimenta, la visita que consuela, el consejo que ilumina, el estrechamiento de manos que levanta el ánimo…Cuando se trata al pobre con respeto y no sólo como a un igual, sino como a un superior, como a un enviado de Dios para probar nuestra justicia y nuestra caridad”.

“La ciencia del bien social y de las reformas bienhechoras no se aprende tanto inclinado sobre los libros….sino subiendo a los pisos de la casa del pobre, sentándose a su cabecera, sufriendo el frío que él sufre y compenetrándose con el secreto de su corazón desolado y de su conciencia arruinada….”

El contacto personal con los pobres, la visita incesante a sus barios y casas, el encuentro con rostros que sufren familias humilladas, niños que no pueden ir a la escuela porque no tienen con qué vestirse, hacen que Federico Ozanam no tenga otra opción más que comprometerse y buscar los remedios inmediatos y de más lago alcance.

Ante todo lo anterior, no podemos permanecer indiferentes, la iglesia, al beatificar a este laico, nos pone un modelo de vida que es un hombre que vivió en el mundo y ahí fue fiel a su fe. Quiso con los pobres sufrir y llorar, su dolor era su propio dolor, su hambre su propia hambre, su sed su propia ser. Sintió con ellos el frío y la soledad. Vivió como SAN VICENTE DE PAÚL, la desgarradora miseria de unas madres abandonadas, de niños arrojados a la basura, de una sociedad ebria de odio y de frustraciones mentales. Encontró en el pobre al Señor en esta vida, dándole de comer, de beber y abrigo y sobre todo amor ayudando a construir en ese mundo el reino de Dios donde imperen sus valores.

En 1850, a la edad de 40 años fallece Federico Ozanam, en Marsella.

El 27 de abril de 1983, en ocasión de la reunión en Roma de los miembros representativos de la Sociedad de San Vicente de Paúl, para festejar el 150 aniversario de la fundación de la sociedad, Su Santidad el Papa Juan Pablo II declaró:

Debemos dar gracias a Dios por este regalo que EL ha hecho a la Iglesia, en la persona de Federico Ozanam: Nos sentimos perplejos de admiración, ante todo lo que, este, estudiante, profesor, padre de familia, ferviente y caritativo, en el transcurso de su corta vida, prematuramente consumida, logró hacer por la Iglesia, por la sociedad, por los pobres, su nombre está definitivamente asociado al de San Vicente de Paúl”.

Nace el 29 DE NOVIEMBRE DE 1809 y habiéndo estudiado el bachillerato en Humanidades y Filosofía se titula en Medicina en la Real y Pontificia Universidad de México.

En 1829, a sus 20 años obtuvo una plaza de Practicante en el Hospital San Andrés.

En el año de 1831, en la Escuela de Cirugía obtuvo el título de médico cirujano.

Después pasó como Practicante titulado al Hospital de la Purísima Concepción, popularmente conocido como Hospital de Jesús

En el año de 1833 llega a Paris para continuar sus estudios

Universidad de la Sorbona y en 1836, regresa a México y se incorpora a la docencia como primer catedrático de Cirugía y de Anatomía.

Publicó diferentes estudios sobre oftalmología y diversos trabajos y traducciones de libros especializados que ayudaron a modernizar la medicina en México.

No tenemos documentación fehaciente sobre la fecha de su matrimonio pero sabemos que su mujer, María Josefa Eleonor Pau, era española y que su hijo primero, Agustín, nació en París poco antes del regreso de Manuel Andrade a México.

Sus tres hijos, por empeño de sus padres, recibieron su formación en el Colegio Seminario de los misioneros en León y el menor, Vicente de Paúl Andrade, entró en la Congregación de la Misión en 1863.

En el año de 1844 las Hijas de la Caridad y los Misioneros, llegaron a México, arribando al puerto de Veracruz el 4 de noviembre de 1844, llegando a la capital del país el día 15 del mismo mes.

Entre los días 12 y 22 del mes de diciembre, quedó fundada la Sociedad de San Vicente de Paúl en México por Andrade y varios de sus amigos más cercanos.

En 1845 queda aprobada y agregada la Sociedad mexicana con fecha del 15 de septiembre de 1845, aunque su aprobación civil y eclesiástica de la Sociedad fue sometida a ciertas condiciones.

El 25 de abril de 1846 ya trabajaban con buenos frutos las Conferencias Nuestra Señora de los Dolores, La Purísima Concepción y Nuestra Señora de Guadalupe.

Manuel Andrade fue presidente de la Conferencia Purísima Concepción hasta su muerte y se nombró un Consejo Particular para unificar la animación y la dirección de todas las Conferencias.

Como presidente de ese Consejo estaba el obispo Joaquín Hernandez y figuraba como Vicepresidente don Manuel Andrade y Pedro Rojas fungía de Secretario y Manuel Canseco como tesorero.

En 1848 se fundaron las Conferencias de Nuestra Señora de la Luz, Nuestra Señora de Monserrate y la de San José, de tal forma que al morir Manuel Andrade quedaban 6 Conferencias, que serían las semillas de otras más en los años siguientes.

“Cuando todos hablan, ¿sólo la religión guarda silencio? ¿Sólo la religión no ha de tener un órgano que manifieste la solidez de sus dogmas, su hermosura y belleza; la ineluctabilidad de sus pruebas, su origen celestial y divino; en fin, el influjo benéfico de esta hermosa religión, de su moral y de sus consoladoras creencias?”

Jeanne Marie Rendu nace el 9 de septiembre de 1786 en la aldea de Confort, Francia. Sus padres son pequeños propietarios que llevan una vida sencilla. La Revolución de 1789, anticlerical, causa confusión y desunión en la Iglesia. La familia Rendu, aun arriesgando su vida, acoge a algunos sacerdotes perseguidos, entre ellos al Obispo de Annecy. La educación cristiana de Jeanne Marie está marcada por este tiempo de persecución. Hará su primera comunión una noche, en el sótano de su casa, a la luz de unas velas.

A la edad de 10 años, la muerte de su padre y la de su hermanita pequeña en el intervalo de unos meses la conmueven fuertemente. Consciente de su responsabilidad de ser la mayor, ayuda a su madre, ocupándose de sus dos hermanas pequeñas.

Cuando de nuevo reina la paz, la señora Rendu, envía a su hija a las religiosas ursulinas que tienen un pensionado en Gex. Jeanne Marie va a veces al hospital de la ciudad y allí descubre el servicio que las Hijas de la Caridad prestan a los enfermos y a los pobres. y siente, cada vez con más fuerza, la llamada de Dios a unirse a ellas.

El 25 de mayo de 1802 entra en la Compañía de las Hijas de la Caridad, en París. Unos meses más tarde, la destinan al barrio Mouffetard donde recibe el nombre de Rosalía. Allí permanecerá 54 años, curando, socorriendo, consolando a todos los que sufren. Hombres, mujeres y niños trabajan durante largas horas en las insalubres fábricas. Los salarios eran poco elevados, las enfermedades atacan a los pobres obreros, quienes ven acentuarse su miseria.

Para responder a las múltiples necesidades que percibe, Sor Rosalía, con las Hermanas de su Comunidad, abre sucesivamente un dispensario, una farmacia, una escuela, un orfanato, una guardería, un patronato para las jóvenes obreras y una casa para ancianos sin recursos. El impulso de caridad que anima a esta Hermana es comunicativo: varias señoras de la clase rica aportan su ayuda financiera. Estudiantes deseosos de poner en práctica su vida cristiana acuden a Sor Rosalía para pedirle consejo; será éste el comienzo de la Sociedad de San Vicente de Paúl.

Durante las Revoluciones de 1830 y 1848, la vemos junto a todos los que sufren, cualesquiera que sea el campo al que pertenezcan. Sube a las barricadas para socorrer a los heridos y protege a todos los que se refugian en su casa. Arriesgando su vida, se interpone entre los que luchan diciendo: “Aquí no se mata”.

En 1852, Napoleón III manda imponerle la Cruz de la Legión de Honor, homenaje del gobierno por toda la obra llevada a cabo en ese barrio tan miserable de la capital.

Su muerte, el 7 de febrero de 1856, provoca una gran emoción en todos los ambientes sociales de París. Por delante del coche fúnebre caminaba una ola silenciosa, en la que fraternalmente se confundían todas las clases sociales.

Sor Rosalía fue beatificada por Juan Pablo II el 9 de noviembre de 2003.